Estimados estudiantes ya esta listo el examen de la película "La Sonrisa de la Mona Lisa", para lo cual estoy seguro que deseas dar tu examen, entonces clequea AQUI
martes, 29 de mayo de 2018
2do de AGROPECUARIA
Estimados estudiantes del segundo curso de agropecuaria, ya esta el tema de Histórico cultural haciendi clic AQUI de ahí será el examen la semana del 11 al 15 de junio, tu puedes dar el mismo cualquier día.
El examen se habilitará el 11 de junio desde las 0 horas hasta el 15 de junio hasta las 23:59 haciendo clic en EXAMEN
miércoles, 23 de mayo de 2018
EVALUACIÓN DE HISTORIA CRÍTICA 1RO AGROPECUARIA
Estimados estudiantes ya esta listo la evaluación parcial de historia crítica, la misma que estará abierta hasta el 25 de mayo hasta horas 23:59 EXAMEN
miércoles, 16 de mayo de 2018
HISTORIA CRÍTICA
YA ESTA EL TEMA 4 DE HISTORIA CRÍTICA PARA LOS ESTUDIANTES DEL 1RO DE AGROPECUARIA, Y 1RO DE PRIMARIA YA PUEDEN IMPRIMIR, HAGA AQUI
miércoles, 9 de mayo de 2018
EVALUACIÓN DE HISTORIA CRÍTICA
miércoles, 2 de mayo de 2018
Investigacion Educativa 1ro de Agropecuaria
Estimados estudiantes, ya esta el tema 3 para su estudio: de la cual deberán realizar mapas conceptuales y entregar el miercoles 9 de mayo de
TEMA 3 PLURALISMO IPISTEMICO
DIVERSIDAD CULTURAL, PLURALISMO EPISTÉMICO, CIENCIA Y DEMOCRACIA. UNA REVISIÓN DESDE LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE LAS CIENCIAS
Diversidad, equidad
epistémica y democracia
La asociación e integración entre democracia y
diversidad cultural implica cuestionar de raíz la racionalidad cientificista
característica de las democracias liberales y pone en pie de igualdad los
diferentes saberes y concepciones del mundo socialmente relevantes en toda
nación, tanto los científicos como los no científicos. De otra manera, la
exclusión de ciertos saberes y concepciones del mundo en el ámbito de las
discusiones y decisiones políticas representaría una injustica epistémica que
como señala Boaventura de Sousa Santos, está en la base de toda injusticia
social:
Ya que el conocimiento científico no está socialmente
distribuido de manera proporcionada, las intervenciones en el mundo real que
favorece tienden a ser aquellas que atienden a los grupos sociales que tienen
acceso al conocimiento científico. La injusticia social se basa en la
injusticia cognitiva. Sin embargo la lucha por la justicia cognitiva no tendrá
éxito si se sustenta únicamente en la idea de una distribución más equilibrada
del conocimiento científico… [se requiere] reconocer formas alternativas de
conocimiento y de interconectarse con ellas en términos de igualdad.36
La integración de conocimientos provenientes de
diferentes tradiciones, incluyendo las científicas y las tecnocientíficas, no
es un ideal o utopía, sino una práctica recurrente en la producción tecno
científica de punta (como la industria farmacéutica). En este campo las grandes
compañías transnacionales se apropian de manera injusta de saberes
tradicionales de comunidades indígenas sobre la herbolaría, generando grandes
ganancias económicas.37 Estas
prácticas muestran la factibilidad de integrar conocimientos científicos y no
científicos en proyectos, pero no bajo relaciones de dominación y explotación,
sino bajo un principio de equidad epistémica, en el marco de una racionalidad dialógica,
basada en la comunicación plural y abierta entre diferentes saberes que generan
aprendizajes recíprocos entre los participantes, amplía los horizontes de las
diferentes culturas involucradas e incluso propicia la formación de acuerdos o
consensos racionales incluyentes y democráticos para la solución de problemas
concretos.
El principio de equidad epistémica que propongo como
fundamento del diálogo intercultural entre diferentes saberes y prácticas,
sostendría que la ciencia y todos los demás conocimientos son igualmente dignos
de ser tomados en cuenta para la resolución de problemas concretos y, en
general, en la discusión, deliberación y toma de decisiones políticas, en
diferentes ámbitos y niveles de gobierno (desde el comunitario hasta el federal).
En este sentido la equidad epistémica propicia no tanto una democratización de
la ciencia, sino una democratización de la diversidad de saberes, en la que la
ciencia y la tecnología no detentan el monopolio de la racionalidad del
conocimiento. Al mismo tiempo, el principio de equidad epistémica otorga a los
diferentes grupos y culturas de una nación o pueblo, una igualdad epistémica en
términos del respeto y reconocimiento de sus opiniones y propuestas para ser
incluidas en los debates y deliberaciones públicas. En este sentido el
principio de equidad epistémica promueve, al mismo tiempo, la pluralidad
cultural y la participación democrática.
La propuesta del diálogo intercultural con equidad
epistémica que propongo es convergente con otras propuestas como la ecología de
saberes de Boaventura de Sousa Santos, o la idea de ciencia bien ordenada de
Philip Kitcher. Como parte esencial de lo que llama “epistemología del sur”,
Boaventura propone el diálogo intercultural para integrar de manera
complementaria saberes científicos y no científicos que denomina “ecología de
saberes”:
En la ecología de saberes, forjar credibilidad para el
conocimiento no científico no supone desacreditar el conocimiento científico.
Simplemente implica su utilización contrahegemónica. Consiste por una parte en
explorar las prácticas científicas alternativas y, por otra, en promover la
interdependencia entre los conocimientos científicos y no científicos.
Otra idea parecida y convergente con a mi propuesta de
equidad epistémica, ha sido desarrollada recientemente por Kitcher en su libro Science,
truth and democracy, bajo el concepto de “ciencia bien ordenada”. Kitcher
considera esencial (para que se establezca la ciencia bien ordenada en una
sociedad democrática que existan) instituciones que gobiernen el desarrollo
científico y tecnológico en función de acuerdos deliberativos entre
representantes de las diferentes culturas, de una manera semejante a cómo
ocurre en la democracia popular. De esta manera sería posible que las
decisiones y acuerdos adoptadas reflejen de manera efectiva el consenso
racional de los puntos de vista de tradiciones científicas y no científicas.
La diferencia fundamental entre la propuesta de
Kitcher y la mía es que en la ciencia bien ordenada –si bien hay un control
plural y ciudadano de las aplicaciones de la ciencia y la tecnología que
incluyen una diversidad de interesesy culturas con igual peso político–, no hay
un reconocimiento de la equidad epistémica entre los conocimientos científicos
y no científicos. Dicho en otros términos, si bien en la ciencia bien ordenada
hay una democratización del uso social de la ciencia, no hay una
democratización de la pluralidad de saberes socialmente relevantes para las
diferentes culturas que conforman toda nación multicultural
En suma, el principio de equidad que hemos propuesto
tiene tanto una dimensión epistémica al reconocer la valía de diferentes tipos
de conocimiento y tradiciones que deben integrarse dialógicamente para la
solución de problemas, como una dimensión propiamente política que procura una
justa participación de los diferentes grupos sociales con sus diferentes
tradiciones, saberes e intereses en las decisiones políticas que los afectan.
Conclusiones
En la
primera parte del trabajo mostramos la creciente incompatibilidad entre la
concepción moderna de racionalidad y la vida republicana basada en la
participación continua de los ciudadanos, el diálogo deliberativo y la
autodeterminación de la comunidad. Ante esta contradicción se analizó en la segunda
parte, la tendencia a limitar la participación ciudadana propia de la vida
republicana para posibilitar la ampliación de la influencia de la ciencia y de
manera posterior la tecnociencia en todos los ámbitos de la vida social. En
esta tendencia distinguimos tres etapas asociadas al desarrollo histórico del
liberalismo: la etapa inicial del siglo xvii,
representada por Thomas Hobbes y su concepción autoritaria y científica del
Estado. Una segunda etapa que se inicia con los debates sobre la constitución
norteamericana en 1786 entre federalistas y antifederalistas, que marca el fin
de la república y el ascenso de la democracia liberal. Finalmente, la revisión
reduccionista de la democracia liberal a partir del desarrollo de la ciencia
política posterior a la Segunda Guerra Mundial.
En la
tercera sección se analizaron las críticas a la creciente influencia de la
ciencia y la tecnociencia en la toma de decisiones políticas que desemboca en
una disolución de la participación de los ciudadanos, y en consecuencia, en un
empobrecimiento de la vida democrática
En el
cuarto apartado se hizo una breve reconstrucción de las críticas al binomio
positivismo-liberalismo en México, en cuanto sus consecuencias antidemocráticas
que desembocan en el Estado autoritario posrevolucionario que se legitima con
la formalidad constitucional de una democracia liberal euroamericana
En la
quinta sección nos referimos a las críticas al modelo liberal euroamericano de
democracia, por parte de destacados filósofos y sociólogos que cuestionan la
capacidad de la democracia liberal para responder a los retos del
multiculturalismo contemporáneo.
Finalmente,
en el sexto apartado se argumentó que una democracia que valora y promueva la
multiculturalidad requiere romper con la hegemonía de la ciencia y la
tecnología como monopolio de la racionalidad que legitima las decisiones y
políticas gubernamentales. Para romper el monopolio epistémico de la ciencia y
la tecnociencia se requiere promover un diálogo plural e incluyente de saberes
y culturas bajo un principio de equidad epistémica que prevenga la no exclusión
de culturas en la deliberación y toma de decisiones democráticas.
Con base
en estos apartados, las principales conclusiones que podemos destacar son las
siguientes:
–
El
reconocimiento, respeto y fortalecimiento la diversidad cultural que demandan
en la actualidad la mayoría de movimientos sociales (tanto de pueblos
originarios como de grupos de inmigrantes en la mayoría de los países) impone a
todo gobierno que pretenda ser democrático la necesidad de satisfacer de manera
adecuada las demandas multiculturalistas. En este sentido, la democracia
contemporánea debe ser multicultural.
–
La integración
de la diversidad cultural y democracia, va a contracorriente del proceso histórico
de la consolidación de la democracia liberal en cuanto que este proceso se
caracteriza por un continuo deterioro de la participación e influencia de la
ciudadanía y sus culturas diversas, y al mismo tiempo, una creciente
homogeneización cultural de las naciones impuesta por el poder estatal.
Paralelo al proceso de homogeneización cultural, hay una creciente disminución
de la legitimidad popular del gobierno. En su lugar el conocimiento científico
y tecnológico constituye la principal fuente de legitimidad de las decisiones
gubernamentales. Este proceso cientificista de democracia, que corre paralelo a
la hegemonía e incluso monopolización epistémica de la ciencia, imprime a las
democracias liberales contemporáneas un carácter autoritario bajo la modalidad
de gobierno de expertos.
–
La democracia
liberal no sólo es incompatible con la diversidad cultural debido a su
tendencia homogeneizante y cientificista, sino también porque defiende como un
principio fundamental la igualdad de derechos y el no reconocimiento en el
ámbito político de las diferencias culturales. Así pues, tanto por tendencia
histórica como por principios teóricos, la democracia liberal es incompatible
con el multiculturalismo.
–
Ante la
incapacidad de la democracia liberal para responder a los retos de la
diversidad cultural, proponemos una reconceptualización de la democracia
republicana, basada en la amplia participación de la ciudadanía en los
diálogos, discusiones y deliberaciones pluralistas e incluyentes de la
diversidad de culturas y saberes. Este diálogo, plural e incluyente de la
diversidad cultural, debe regularse con un principio de equidad epistémica que
asegure igualdad de oportunidades discursivas y deliberativas en el espacio
público a la diversidad de saberes socialmente relevantes en las sociedades
multiculturales. En este sentido, la democracia republicana de carácter plural
y deliberativo debe de establecerse sobre una democracia epistémica y cultural
que prevenga y evite que el autoritarismo cientificista y la injusticia epistémicas,
generen autoritarismo político e injusticia social.
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